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Deseo que este blog sirva como recurso para nuestras clases utilizando las nuevas tecnologías. Algunas actividades estan hechas por mi, pero otras muchas estan sacadas de otros sitios. Gracias por compartir vuestras ideas y de forma especial a Patxi Velasco (Fano) del que siento una gran admiración.

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viernes, 17 de octubre de 2014

V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS



Teresa de Jesús nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. 
Murió a los 67 años en Alba de Tormes, el 4 de octubre de 1582 y la enterraron al día siguiente, el 15 de octubre. La diferencia en los días se debe a que en ese día empezó a regir el calendario gregoriano,  cuando el Papa Gregorio XIII añadió 10 días al calendario Juliano (calendario reformado por Julio Cesar 46 años antes de Cristo) para corregir un error de cálculo en el mismo que llevaba arrastrándose ya por más de mil años. 
Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La primera mujer de las tres actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa Catalina de Siena y otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús.


Las fechas clave del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa serán: 

  • El 15 de octubre de 2014: la inauguración. Inicio del Año Jubilar Teresiano proclamado por el Papa Francisco.  
  • El 28 de marzo de 2015: día del 500 aniversario de su nacimiento.
  • El 4 de abril de 2015: la conmemoración del día de su bautismo. 
  • El 15 de octubre de 2015: la clausura


Haz clic en la imagen para acceder a la web oficial del V centenario:

V CENTENARIO SANTA TERESA DE JESÚS



Haz clic en la imagen para ver la información oficial de las actividades organizadas por la Diócesis de Ávila:



Reproducción de la carta enviada por el papa Francisco con motivo del V centenario:



A Monseñor Jesús García Burillo

Obispo de Ávila

Ávila



Querido Hermano:

El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la mirada a esa ciudad para dar gracias a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy.

En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres.  ¿Por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.

Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). La verdadera santidad es alegría, porque "un santo triste es un triste santo". Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,l). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf.  Fundaciones 12,l). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!

La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabernos nos ama» (Vida 8,5). Cuando los tiempos son "recios", son necesarios «amigos fuertes de Dios» para sostener a los flojos (Vida 15,5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, «amigo verdadero» y «compañero» fiel de viaje, con quien «todo se puede sufrir», pues siempre «ayuda, da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,6). Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho» (Moradas IV,1,7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino 26,3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el «camino seguro» (Vida 213). Dejarla es perderse (cf. Vida 19,6). Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del «para siempre, siempre, siempre» (Vida 1,5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un «corazón enamorado» (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que «solo Dios basta» (Poesía 9).

Este camino no podemos hacerlo solos, sino juntos. Para la santa reformadora la senda de la oración discurre por la vía de la fraternidad en el seno de la Iglesia madre. Esta fue su respuesta providencial, nacida de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del "colegio apostólico", siguieran a Cristo viviendo sencillamente el Evangelio y sosteniendo a toda la Iglesia con una vida hecha plegaria. «Para esto os junto El aquí, hermanas» (Camino 2,5) y tal fue la promesa: «que Cristo andaría con nosotras» (Vida 32,11). ¡Que linda definición de la fraternidad en la Iglesia: andar juntos con Cristo como hermanos! Para ello no recomienda Teresa de Jesús muchas cosas, simplemente tres: amarse mucho unos a otros, desasirse de todo y verdadera humildad, que «aunque la digo a la postre es la base principal y las abraza todas» (Camino 4,4). ¡Cómo desearía, en estos tiempos, unas comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres! ¡Nada hay más hermoso que vivir y morir como hijos de esta Iglesia madre!

Precisamente porque es madre de puertas abiertas, la Iglesia siempre está en camino hacia los hombres para llevarles aquel «agua viva» (cf. Jn 4,10) que riega el huerto de su corazón sediento. La santa escritora y maestra de oración fue al mismo tiempo fundadora y misionera por los caminos de España. Su experiencia mística no la separo del mundo ni de las preocupaciones de la gente. Al contrario, le dio nuevo impulso y coraje para la acción y los deberes de cada día, porque también «entre los pucheros anda el Señor» (Fundaciones 5,8). Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado- sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino. Y es que, «para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo» (Fundaciones 4,6). Hoy Teresa nos dice: Reza más para comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor. La oración vence el pesimismo y genera buenas iniciativas (cf. Moradas VII, 4,6). ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso! Algunas veces la Santa abrevia sus sabrosas cartas diciendo: «Estamos de camino» (Carta 469,7.9), como expresión de la urgencia por continuar hasta el fin con la tarea comenzada. Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón!

«¡Ya es tiempo de caminar! » (Ana de San Bartolomé, Últimas acciones de la vida de santa Teresa). Estas palabras de santa Teresa de Ávila a punto de morir son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer.

Querido Hermano, con mi saludo cordial, a todos les digo: ¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús.

Les pido, por favor, que recen por mí, pues lo necesito. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

Papa Francisco




V Centenario de Santa Teresa.
15 de octubre de 2014, Fiesta de Santa Teresa de Jesús.
En la ciudad de Ávila, donde nació y vivió Santa Teresa de Jesús hace quinientos años, se inicia
hoy, día de la santa, el año jubilar teresiano, con motivo del quinto centenario de Santa Teresa
de Jesús, tan nuestra, tan de todos, tan gran don de Dios a la Iglesia, a España, a la humanidad
entera, tan luminoso faro para todos los tiempos, particularmente para el nuestro.
Santa Teresa de Jesús buscó y encontró la sabiduría; la prefirió a los cetros, a los tronos y a la
riqueza. Dios la llamó para hacerla partícipe de su amistad: ella, por encima de todo, fue amiga
fuerte de Dios; seducida por la luz de la sabiduría que no tiene ocaso, encontró el tesoro
inagotable, y lo dejó todo por poseerlo; y ella, como el comerciante de la parábola evangélica,
prefirió la perla de gran valor que es Jesucristo, la perla preciosísima de la sabiduría escondida
en Cristo, en su humanidad divina llagada: no tuvo otro Maestro que Él.
Vivió por Él y para Él. En la vida de Teresa vemos y palpamos que sólo Él llena, que sólo Él sacia,
sólo Él enriquece, sólo en Él están la felicidad y la alegría. Fuera de Él, la vida se llena de tedio y
tristeza, como la del joven que, guiado por la «sabiduría» de este mundo, no fue capaz de dejarlo
todo, de percatarse que estaba ante el gran tesoro y la plenitud de la sabiduría preferible a todo,
que es Jesucristo. Santa Teresa de Jesús amó a Jesucristo por encima de todo, y se entregó a Él;
nada antepuso a este amor y al trato de amistad con Él; se dejó seducir por su amor; y vivió para
Él. Así, vivió en esa alegría que no se puede contener, como vemos y palpamos en sus hijas, sus
fi eles y dichosas herederas. Y porque estuvo tan hondamente unida a Cristo, vivió y testificó
que sólo Dios es necesario, que sólo Él basta, que quien a Dios tiene lo tiene todo, y que el
hombre no halla contento con menos que Dios. En estos tiempos que vivimos, su testimonio es
para nosotros de singular importancia y actualidad. Vivió «tiempos recios», como los nuestros;
en ellos nos mostró lo principal: «sólo Dios basta», y nos mostró un camino: el de la oración. Es
lo que hoy necesitamos aprender.
Ella es maestra que guía nuestros pasos en esta encrucijada de la historia, en la que es
apremiante que se lleve a cabo una renovación profunda de la humanidad –convulsa, dividida
y, en no pocos aspectos maltrecha y quebrada–, desde la entraña misma del Evangelio, y una
renovación también de la Iglesia, tan necesitada de centrarse en lo esencial y primero. Santa
Teresa nos remite para esa renovación a lo que es ciertamente esencial, a la vida teologal de fe,
esperanza y caridad. Es, sin duda, la gran mujer de la renovación eclesial, que tanto necesitamos
hoy. Santa Teresa de Jesús fue al núcleo central y reclamó para sí y su hijas de vida escondida
con Cristo en Dios, de manera constante, la conversión al sólo Dios y a su Hijo Jesucristo, pues
sólo a través de esa conversión se llega a ser hombres de verdad, a ser cristianos sinceros, a ser
Iglesia viva. Santa Teresa fue, ante todo, una mujer de fe, «amiga fuerte de Dios», una mujer
enteramente «de Dios» y, por eso, enteramente de todos y para todos. La confesión de que Dios
es Dios y reina, y basta, el reconocimiento y la supremacía del Dios único y vivo, la búsqueda
amorosa y sencilla de Dios escondido, que se revela en la humanidad palpable de su Hijo, son
constantes en la enseñanza y en la vida de la Santa universal de Ávila, cuyo influjo sigue vivo y
con más fuerza y capacidad de atracción y movilización que seguramente muchos de los planes
que nos hacemos. Ella ha hecho brillar como luz que no se ha extinguido ni se extinguirá jamás, el sentido de Dios
en la vida, cuya pérdida u olvido lleva a la quiebra del hombre y de la humanidad. Ella nos ha
enseñado, en esa tan alta cota de humanidad que es la suya, que el sentido de la vida y el futuro
del hombre no es otro que Dios mismo. Esto es lo que nos hace falta. Esto es lo esencial. Esto es
el alma de la verdadera reforma, lo que dará a nuestras palabras autenticidad y fuerza, lo que
otorgará a nuestras vidas entusiasmo y atracción, lo que hará que los jóvenes puedan ver una
Iglesia hecha de hombres y mujeres con vida. Por eso miremos a Santa Teresa, y aprendamos
de ella. Ciertamente necesitamos su magisterio, necesitamos descubrir y acudir a su
espiritualidad, conocer y asimilar sus escritos.
Este año conmemorativo del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa es un año
providencial para todos: para la Iglesia universal y para la Iglesia en España, para la vida
consagrada y para los que andan buscando sentido a sus vidas, para los sacerdotes y para os
laicos –todos llamados a la santidad, siguiendo el «camino de perfección», que a ella conduce–,
para la comunidad eclesial y para la comunidad civil, para la humanidad entera necesitada de
percibir y edificar una humanidad nueva y verdadera, una nueva cultura del amor y de la vida, y
para España, que en su copatrona encuentra la ayuda, la luz, la sabiduría, el norte que tanto está
necesitando en los momentos que atravesamos.
A todos deseo y para todos pido, también para mí y mi queridísima diócesis de Valencia –a la
que sirvo ahora– y la tan amada de Ávila, para toda la orden y familia carmelitana, para la Iglesia
universal, para la humanidad entera y para España, que Santa Teresa de Jesús nos alcance de
Jesús, Hijo de Dios «muy humanado y llagado», el seguir sus pasos, aprender de ella, conocerla
más y mejor, difundir sus enseñanzas y su testimonio, consciente y seguro –soy testigo de ello–
de que lo que se pone de verdad y con confianza en sus manos ella lo alcanza del Señor.
Que Dios derrame sobre todos esa gran bendición con la que bendijo a Santa Teresa de Jesús, a
la Iglesia, al mundo entero, a España.

D. Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia


Cada diócesis declara sus propios templos jubilares para el V centenario. haz clic en la imagen para conocerlos.
templos


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